dejame te cuento un poco
Un poco de mi historia
Me sentí fascinado la primera vez que tome una cámara profesional, ¿Qué significaban esos cálculos que hacía al instante? ¿Cómo era posible que la cámara supiera qué hacer en fracciones de segundo para tomar una buena foto? Estoy hablando de una camara analoga o de rollo, ahi estaba yo tomando fotos sin tener la mínima idea de como se hacía. Ahora imagina lo que sentí al ver las fotos reveladas, todas estaban bien tomadas, al menos eso pensaba yo. jaja.
Luego la vida me llevo en otros caminos, lejos de una cámara.
Así que cuando nuestro pequeño Olivier estaba a punto de nacer, compre una cámara para tomarle muchas fotos, él sería la razón por la cual podría tomar fotos de nuevo. ¿Adivina que paso? A él no le gustan las fotos, rara vez me regala una y tiene un sentido arácnido para salir corriendo cada vez que apunto mi cámara hacia él. Así que tengo que sobornarlo para tener una foto suya.
Desde ahí he estado comprometido a aprender cada día más de la fotografía. Ya han pasado 22 años desde que tome por primera vez una cámara profesional. Parece que no habrá vuelta atrás.
Ya tarde en la vida de mi abuela aprendí que lo más valioso para ella eran sus fotografías, un recuerdo palpable de tiempos que no regresaran y personas que ya se fueron. Un pedazo de papel con la capacidad de poner una sonrisa al instante.
También soy alérgico a las fotografías como mi niño, cada vez que salgo en una aparezco con los ojos cerrados y haciendo caras raras, por eso entiendo a las parejas cuando me comentan que no son buenos para salir en las fotos.
Soy muy observador y atento a los detalles. Me gusta la naturaleza y encuentro mucha paz y tranquilidad estando al aire libre. Me encanta el mar y los atardeceres. Las cosas sencillas y reales son algo especial en mi vida. Todo esto se refleja en mi fotografía.
